No se alarme, señorita, al recibir esta carta, ni crea que voy a repetir en ella mis sentimientos o a renovar las proposiciones que tanto le molestaron anoche. Solo quería aclarar que si le molestó que anoche le dijera que la amo, y que daría cualquier cosa por usted. A mí me molestó aún más su rechazo y desprecio, pero lo que más me dolió fue verla enfadada y saber que eso había sido causado por mi culpa, que yo había estropeado la sonrisa más bella, dulce y sincera de la noche.
También quería dejar claro que aunque usted no me haya dado la oportunidad de cortejarla, todos los días, regalando piropos y rosas con amor y sinceridad, yo seguiré amándola a la sombra o a la luz, porque usted es el significado de que yo viva, solo con verme a mí puedo retratarla a usted. Somos tan iguales… Usted llámelo como quiera, pero creo que algunos lo conocen como almas gemelas. La seguiré buscando y, si es necesario, lucharé contra leones, moveré montañas, solo porque la admiro, y que sepa que verla todos los días para mí es un premio que no cambiaría por nada del mundo. A usted, mi princesa, le queda pequeña la frase ‘te quiero’, por eso yo le digo ‘te amo’, que, aún quedándole pequeña otra vez, no tengo más palabras.
Acabo de romper mi palabra, porque al principio le dije que no repetiría mis sentimientos, y fíjese si es grande mi amor por usted, que estoy repitiendo mis sentimientos una y otra vez. Solo puedo expresar mi amor con este poema.