El pasado día 3 de febrero, varios alumnos de 1° y 2° de ESO acudieron al club de lectura en el que hablaron sobre el interesante libro El viejo y el mar, de Ernest Hemingway. Los alumnos y profesores asistentes intercambiaron opiniones sobre la lectura: destacaron como puntos positivos la bonita relación que se crea entre el protagonista y el niño. También coincidieron en la pena que les causaba el desenlace de la aventura, aunque es cierto que todos habían disfrutado con el libro, algunos incluso más que con el del primer trimestre. Para terminar, cada alumno llevó una deliciosa merienda para compartir entre todos. Fue muy divertido y productivo.
Mostrando entradas con la etiqueta concurso 1º y 2º de ESO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta concurso 1º y 2º de ESO. Mostrar todas las entradas
martes, 4 de marzo de 2025
Segundo encuentro del club de lectura de 1º y 2º ESO
Por Beatriz Rabadán Vela (2ºBE)
Etiquetas:
Beatriz Rabadán,
Club de lectura,
concurso 1º y 2º de ESO,
Curso 2024-25
lunes, 29 de abril de 2024
'EL ASESINO DEL VALS': ACCÉSIT DEL CONCURSO DE RELATOS DEL DÍA DEL LIBRO 1º Y 2º ESO
Accésit en el Concurso de Relatos.
Modalidad de alumnos - 1º y 2º ESO.
___________________________________________________
EL ASESINO DEL VALS
La música resonaba en la sala de baile. Era una canción lenta. De un momento para otro, la música cesó, las luces se apagaron y el miedo y la expectación estaban presentes. Al volver la luz, las personas más importantes de ese baile aparecieron asesinadas. El pánico se apoderó de la gente mientras de fondo sonaba un vals…
A Arianna Miller le asignaron el caso. Ella era una mujer de 28 años, pelo largo y ojos verdes, además de ser la detective más destacada de su promoción.
El asesinato ocurrió en la casa de los Rizzo, una familia muy importante, con mucho prestigio y dinero.
Arianna se dirigió hacia su mansión, se hizo pasar por criada y entró. Al entrar se chocó con el hijo, Alexander Rizzo, un hombre de unos 30 años, ojos miel y pelo rubio alborotado.
Arianna pidió disculpas tímidamente y se fue de ahí. Al darse la vuelta para irse notó su mirada. Arianna estuvo encubierto en esa casa durante semanas. En ese tiempo se dio cuenta de muchas cosas: el señor Rizzo se iba todas las noches, cuando se supone que todo el mundo estaba dormido, hasta las 7:00 de la mañana siguiente. La señora nunca se daba cuenta, o eso aparentaba. Y , al parecer, su hijo tenía una especie de interés en ella.
Una semana, a Arianna le llegó una carta de su jefe. Decía que se tenía que dar prisa o, si no, mandarían a otra detective. Esa semana, el señor Rizzo se iba de viaje con su esposa, así que Arianna decidió revisar su cuarto, pero Alexander la pilló.
A Arianna Miller le asignaron el caso. Ella era una mujer de 28 años, pelo largo y ojos verdes, además de ser la detective más destacada de su promoción.
El asesinato ocurrió en la casa de los Rizzo, una familia muy importante, con mucho prestigio y dinero.
Arianna se dirigió hacia su mansión, se hizo pasar por criada y entró. Al entrar se chocó con el hijo, Alexander Rizzo, un hombre de unos 30 años, ojos miel y pelo rubio alborotado.
Arianna pidió disculpas tímidamente y se fue de ahí. Al darse la vuelta para irse notó su mirada. Arianna estuvo encubierto en esa casa durante semanas. En ese tiempo se dio cuenta de muchas cosas: el señor Rizzo se iba todas las noches, cuando se supone que todo el mundo estaba dormido, hasta las 7:00 de la mañana siguiente. La señora nunca se daba cuenta, o eso aparentaba. Y , al parecer, su hijo tenía una especie de interés en ella.
Una semana, a Arianna le llegó una carta de su jefe. Decía que se tenía que dar prisa o, si no, mandarían a otra detective. Esa semana, el señor Rizzo se iba de viaje con su esposa, así que Arianna decidió revisar su cuarto, pero Alexander la pilló.
-¿Qué haces aquí?
-¿Yo? Nada, limpiando, qué otra cosa haría…
-¿Yo? Nada, limpiando, qué otra cosa haría…
- ¿Y tú qué haces?
-Nada... -Al decir eso, se alejó, la miró a los ojos y se fue.
No encontró nada, No sabía quién podía haber sido. Ese finde había otro baile en la mansión. Arianna supuso que volvería a pasar, pero los señores no estaban. Solo quedaba Alexander como última opción, así que lo vigiló muy de cerca.
Arianna iba como invitada, pues Alexander le insistió bastante.Comenzó a sonar un vals. Alexander comenzó a bailar con ella, hasta que en un momento cesó la música, las luces se apagaron y las muertes comenzaron…
Etiquetas:
2024,
Arianna Delgado de Sande,
concurso 1º y 2º de ESO,
Día del Libro,
El asesino del vals
jueves, 5 de mayo de 2022
PRIMER PREMIO CONCURSO DE NARRATIVA 1º Y 2º DE ESO
Por Lorena Sánchez. 2ºG de ESO.
Llevaba ya muchas horas recorriendo el bosque, pero la noche se acercaba y yo seguía sin encontrar el
camino de vuelta. Cada crujido al caminar, cada sombra acechando, cada susurro del viento, cada rama
que me rozaba, hacían que se me estremeciera cada parte de mi cuerpo. Llegué a un pequeño riachuelo,
en el que se reflejaba el denso cielo estelar y la luna llena. No sabía qué hacer. Estaba perdida, y no
tenía a nadie que me ayudara, así que me limité a tumbarme como buenamente pude y a contener las
lágrimas que me asomaban. Pero entonces, escuché un ruido que no era precisamente un silbido del
viento y me puse inmediatamente de pie. Agudicé el oído para adivinar su procedencia y mi asombro
fue enorme cuando vi que un árbol me estaba hablando.
-No estés triste, niña. Ven conmigo.
Lo miré con curiosidad, observando cada gesto y movimiento que hacía con sus ramas.
-Yo… No puedo. Tengo que volver a mi hogar.
-Seré tu nuevo hogar, aquí estarás mejor que en ningún otro lugar.
Tardé unos minutos en decidirme, pero cuando mágicamente se abrió una especie de puerta en su
tronco y vi el acogedor interior, no pude resistirme a entrar.
EL ÁRBOL DEL ENGAÑO
camino de vuelta. Cada crujido al caminar, cada sombra acechando, cada susurro del viento, cada rama
que me rozaba, hacían que se me estremeciera cada parte de mi cuerpo. Llegué a un pequeño riachuelo,
en el que se reflejaba el denso cielo estelar y la luna llena. No sabía qué hacer. Estaba perdida, y no
tenía a nadie que me ayudara, así que me limité a tumbarme como buenamente pude y a contener las
lágrimas que me asomaban. Pero entonces, escuché un ruido que no era precisamente un silbido del
viento y me puse inmediatamente de pie. Agudicé el oído para adivinar su procedencia y mi asombro
fue enorme cuando vi que un árbol me estaba hablando.
-No estés triste, niña. Ven conmigo.
Lo miré con curiosidad, observando cada gesto y movimiento que hacía con sus ramas.
-Yo… No puedo. Tengo que volver a mi hogar.
-Seré tu nuevo hogar, aquí estarás mejor que en ningún otro lugar.
Tardé unos minutos en decidirme, pero cuando mágicamente se abrió una especie de puerta en su
tronco y vi el acogedor interior, no pude resistirme a entrar.
Pasaron algunos días hasta que me acostumbré a ese lugar, pero el árbol siempre me trataba con
amabilidad y cuidaba realmente bien de mí. Me divertía mucho con él y jugábamos a todas horas:
utilizaba sus raíces como toboganes, sus ramas como tirolinas, o sus hojas como colchonetas. La única
condición era que tenía que cumplir sus normas, que eran pocas, pero muy estrictas. No podía recibir
visitas, ni salir al exterior. Solo estábamos él y yo. No me pareció mal, pero cuando pasaron dos meses y
la necesidad de saber algo del exterior crecía dentro de mí, no pude evitar incumplir una norma.
Aproveché el momento de la siesta del árbol para escaparme, pero no salió del todo bien. Él tenía muy
buenos sentidos y nada más pisar la tierra del otro lado, se despertó repentinamente, devolviéndome
bruscamente al interior de su tronco. Parecía realmente enfadado y estuvo unos días bastante agresivo y sin querer jugar. Días más tarde me explicó que se sentía muy solo y que me necesitaba con él, y aunque yo quería volver con mi familia, decidí quedarme para hacerle compañía. Llegó el día de mi cumpleaños, y el árbol me hizo un regalo muy especial: una ventana para poder mirar hacia el exterior cuando me sintiera triste. Yo me alegré mucho y me conformé con ello, pero el tiempo pasaba, y comenzaba de nuevo a echar de menos el exterior.
amabilidad y cuidaba realmente bien de mí. Me divertía mucho con él y jugábamos a todas horas:
utilizaba sus raíces como toboganes, sus ramas como tirolinas, o sus hojas como colchonetas. La única
condición era que tenía que cumplir sus normas, que eran pocas, pero muy estrictas. No podía recibir
visitas, ni salir al exterior. Solo estábamos él y yo. No me pareció mal, pero cuando pasaron dos meses y
la necesidad de saber algo del exterior crecía dentro de mí, no pude evitar incumplir una norma.
Aproveché el momento de la siesta del árbol para escaparme, pero no salió del todo bien. Él tenía muy
buenos sentidos y nada más pisar la tierra del otro lado, se despertó repentinamente, devolviéndome
bruscamente al interior de su tronco. Parecía realmente enfadado y estuvo unos días bastante agresivo y sin querer jugar. Días más tarde me explicó que se sentía muy solo y que me necesitaba con él, y aunque yo quería volver con mi familia, decidí quedarme para hacerle compañía. Llegó el día de mi cumpleaños, y el árbol me hizo un regalo muy especial: una ventana para poder mirar hacia el exterior cuando me sintiera triste. Yo me alegré mucho y me conformé con ello, pero el tiempo pasaba, y comenzaba de nuevo a echar de menos el exterior.
Recuerdo que un día me desperté más temprano de lo normal y como no quería hacer ruido, me senté a observar el bosque por la ventana. Vi de pronto un bonito ruiseñor que volaba de rama en rama sin ninguna preocupación. Era libre y feliz y por un momento sentí nostalgia. Entonces el árbol se despertó, yo me fui a preparar el desayuno y la mañana transcurrió con normalidad. Llegó la hora de la siesta y mientras preparaba la merienda, escuché una especie de toquecitos en la ventana y no tardé en acercarme. Al ver al pequeño ruiseñor no pude evitar sonreír y preguntarle:
-¿Qué haces aquí, pequeño ruiseñor?
El pajarillo, en cambio, parecía muy preocupado y con mucha prisa.
-Quizás es muy repentino, pero tienes que confiar en mí. Debes escapar cuanto antes de este lugar. El árbol puede parecer muy amable, pero es realmente posesivo y contra más tiempo pase, menos posibilidades habrá de que puedas escapar.
Mi sorpresa fue mayor cuando me ofreció una cuerda para que la atara al marco de la ventana y poder descender.
-Pero… El árbol no es malo. Este es mi hogar.
-Eso dijeron también los otros niños que pasaron toda su vida encerrados sin tener un mínimo contacto
con el exterior. Tienes que regresar con tu familia y tus amigos.
Lo pensé un momento, pero algo hizo click en mi cabeza y recordé cómo era mi vida antes de llegar aquí hace 6 meses. Tenía sueños que cumplir y una familia que recuperar. Acepté la ayuda del ruiseñor, pero las complicaciones no tardaron en llegar, el árbol se despertó y comenzó a agitar todas las ramas con una espeluznante fuerza.
-¿Qué haces aquí, pequeño ruiseñor?
El pajarillo, en cambio, parecía muy preocupado y con mucha prisa.
-Quizás es muy repentino, pero tienes que confiar en mí. Debes escapar cuanto antes de este lugar. El árbol puede parecer muy amable, pero es realmente posesivo y contra más tiempo pase, menos posibilidades habrá de que puedas escapar.
Mi sorpresa fue mayor cuando me ofreció una cuerda para que la atara al marco de la ventana y poder descender.
-Pero… El árbol no es malo. Este es mi hogar.
-Eso dijeron también los otros niños que pasaron toda su vida encerrados sin tener un mínimo contacto
con el exterior. Tienes que regresar con tu familia y tus amigos.
Lo pensé un momento, pero algo hizo click en mi cabeza y recordé cómo era mi vida antes de llegar aquí hace 6 meses. Tenía sueños que cumplir y una familia que recuperar. Acepté la ayuda del ruiseñor, pero las complicaciones no tardaron en llegar, el árbol se despertó y comenzó a agitar todas las ramas con una espeluznante fuerza.
-¡No te vayas, por favor! ¡No me abandones!
El ruiseñor me dijo que no le escuchara, y cuando por fin parecía que llegábamos abajo, el árbol me
atrapó con una de sus ramas.
-Nunca podrás escapar de mí. Soy tu mejor hogar, te guste o no.
Noté las lágrimas resbalar por mis mejillas, pero, ya cansada de rendirme, me armé de valor y usé el cuchillo que anteriormente estaba utilizando para hacerme un bocadillo y corté algunas de sus hojas. Este gritó de dolor y finalmente me soltó. El ruiseñor me guió atropelladamente por el bosque hasta que por fin pude divisar el camino que me llevaba de vuelta a casa. A mi casa de verdad. Me reuní con mis padres, quienes gritaron de emoción al verme y me abrazaron al instante. Mi vida volvió a la normalidad, aunque no volví a entrar en aquel bosque ni supe nada más del árbol.
Una mañana soleada estaba sentada en el patio de casa, cuando un silbido llamó mi atención. Me llené de emoción al ver que mi héroe me observaba tranquilamente.
El ruiseñor me dijo que no le escuchara, y cuando por fin parecía que llegábamos abajo, el árbol me
atrapó con una de sus ramas.
-Nunca podrás escapar de mí. Soy tu mejor hogar, te guste o no.
Noté las lágrimas resbalar por mis mejillas, pero, ya cansada de rendirme, me armé de valor y usé el cuchillo que anteriormente estaba utilizando para hacerme un bocadillo y corté algunas de sus hojas. Este gritó de dolor y finalmente me soltó. El ruiseñor me guió atropelladamente por el bosque hasta que por fin pude divisar el camino que me llevaba de vuelta a casa. A mi casa de verdad. Me reuní con mis padres, quienes gritaron de emoción al verme y me abrazaron al instante. Mi vida volvió a la normalidad, aunque no volví a entrar en aquel bosque ni supe nada más del árbol.
Una mañana soleada estaba sentada en el patio de casa, cuando un silbido llamó mi atención. Me llené de emoción al ver que mi héroe me observaba tranquilamente.
-Querido ruiseñor, nunca pude darte las gracias por todo lo que hiciste por mí. Me salvaste y me
abriste los ojos a la realidad. Pero una duda me recorre por todo el cuerpo: ¿Por qué decidiste ayudarme sabiendo que el árbol podía encarcelarte también? Siempre fuiste libre y te arriesgaste por mí.
-Verás, niña, la cuestión no es lo peligroso o lo aterrador que pudo llegar a ser salvarte. Todos podemos llegar a ser héroes y si puedes hacer algo bueno por los demás, tienes la obligación de hacerlo.
Acto seguido, desprendió el vuelo y no volví a verlo jamás, pero siempre me sentí realmente agradecida. No sólo me había salvado de aquel árbol, sino de algo mucho más grande: la soledad. Una escapatoria tan fácil y tentadora, que a veces no nos deja ver la realidad.
-Verás, niña, la cuestión no es lo peligroso o lo aterrador que pudo llegar a ser salvarte. Todos podemos llegar a ser héroes y si puedes hacer algo bueno por los demás, tienes la obligación de hacerlo.
Acto seguido, desprendió el vuelo y no volví a verlo jamás, pero siempre me sentí realmente agradecida. No sólo me había salvado de aquel árbol, sino de algo mucho más grande: la soledad. Una escapatoria tan fácil y tentadora, que a veces no nos deja ver la realidad.
Etiquetas:
concurso 1º y 2º de ESO,
Día del Libro,
Lorena Sánchez,
relatos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


