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domingo, 29 de mayo de 2016

Graduación de Bachillerato 2016: Discurso de Beatriz del Río

Beatriz, en el Centro, con su tutoría.



Por Beatriz del Río, jefe de Departamento de Lengua Castellana y tutora de 2ºEB    
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[…]

Soltad al pájaro en mano por aquellos que están volando.
Abandonad, si hace falta, una vida acomodada,
aquello que os presentan como una situación con porvenir.
Lanzaos a los caminos.


André Bretón, Los pasos perdidos, 1924

Buenas tardes padres, amigos, compañeros.
Buenas tardes, queridos alumnos y, siempre, protagonistas.

Me lo pone fácil André Bretón con sus bellas palabras, pues son estos los versos que resumen los deseos con los que me enfrento cada primavera a esta cita anhelada e inevitable.

Aunque mi voz tenga hoy ecos pasados o suene repetida, todo es mudanza; y esos cambios nos acercan esta tarde a vuestra despedida, que es única, y a un difícil ejercicio de valentía en el que a unos nos toca aflojar las riendas y a otros atreveros a vivir.

Aquí estamos, somos nosotros…
Contemplad sin rubor al que está a vuestro lado, a aquel que se sienta delante, o al otro que se encuentra más allá y al que quizás nunca hayáis dirigido palabras, miradas, sonrisas…

El destino -no tan caprichoso- os ha convertido en compañeros, en un nosotros tal vez no buscado; la historia acumulada –amparada en el engarce que hacen voces, gestos y gustos- en amigos que han crecido juntos durante los temibles años de la adolescencia.

Os contemplo ahora tan guapos y elegantes, engalanados con anchas sonrisas y miradas francas, e imagino vuestros primeros pasos por el instituto, por estos pasillos, localizando los mejores recovecos o reteniendo en vuestra memoria la laberíntica disposición de los tres edificios del Villa. Algunos, la mayoría, llegasteis siendo todavía unos niños con miedos y expectativas de libertad tras los años de colegio. Otros os incorporasteis más tarde –en el Bachillerato- y, aunque con más edad, también entrabais colmados de ilusiones y temores. Hoy, todo lo aquí vivido (amores y desamores, riñas y halagos, éxitos y fracasos) empieza a transformarse en esa dulce y evocadora etapa que se verá camuflada por la jubilosa y siempre engañosa nostalgia.

Y así, recordaremos las interminables preguntas finales de Chércoles o sus singulares imitaciones, la mochila y la pelota de Paloma, el extraño suceso del autobús en la excursión a Italia, el laborioso vestido del proyecto de Mari Cruz o la cabeza del de Silvia, las carreras entre clase y clase de aquellos que mueren por un cigarrillo, las tardes de biblioteca estudiando filosofía y matemáticas, los bombones de Ángel-rellenos de afecto, ánimo y suerte-, algún que otro llanto por un suspenso, por un encontronazo o por un mal paso, alguna que otra reprimenda por retrasos y faltas, y alguna que otra risa por las meteduras de pata en el aula.

Personalmente, cuidaré con mimo todo el cariño y la paciencia que me habéis brindado a lo largo de estos difíciles meses para mí, ya que gracias a vosotros se han vuelto sencillos, confortables y hasta divertidos.

Y sin darnos ni daros cuenta estáis aquí, renovando miedos y esperanzas como aquellos primeros días de instituto. Al deseo de salir y buscar vuestro futuro, se une el desasosiego por la falta de certezas. El susto de la independencia que lucha contra las ganas de autonomía y determinación.

¿Sabré cuál es la meta? ¿Dónde estará mi lugar? ¿Qué asiento encontraré al llegar allí? Y…, lo verdaderamente valioso, ¿sabré escoger el camino? ¿Acaso será más difícil el encuentro que el extravío?

Me gustaría ofreceros una respuesta atinada, un abrazo firme que borre dudas y os resguarde del porvenir durante, al menos, unos días más. Pero ya no es posible. No hay respuestas. Solo vale andar, disfrutar del camino, aprender del extravío… y del encuentro.

Os invito a que deis el primer paso: decid adiós a este aparente y acogedor campo del Edén.

Sí. Aparente o fingido porque, en la distancia, este espacio y este tiempo serán una diminuta jaula de oro en la que entre luces y sombras solo pretendíamos que conquistarais el único paraíso deseado: ese lugar en el que podáis ser mujeres y hombres libres, honestos y felices. Si esas cualidades consiguen asomar a vuestra casa, nada debéis temer en el mañana.

Decía Vicente Espinel, por boca de su pícaro Marcos de Obregón, que no hay vida de cuantos andan por el mundo de quien no se pueda escribir una grande historia; a esto añado yo -a mi antojo- unas palabras de don Quijote, bien podrán los encantadores quitaros la ventura; pero el esfuerzo y el ánimo (para forjar vuestra gran historia), será imposible.

Lanzaos a los caminos.

Muchas gracias.

miércoles, 6 de enero de 2016

Concurso de tarjetas navideñas 2015 / Christmas competition 2015


Por Sonia Bayo, jefa del Departamento de Inglés.
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Por segundo año consecutivo, los alumnos de 1º y 2º ESO han participado en el concurso de tarjetas navideñas organizado por el Departamento de Inglés. Los ganadores recibieron como premio un libro de lectura en lengua inglesa que es, además, el libro de lectura obligatoria para el segundo trimestre. ¡Gracias a todos por participar y enhorabuena a los ganadores!

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For the second consecutive year, our students of 1º and 2º ESO have taken part in the Christmas competition organized by the English department. The winners received an English reading book, which is also the compulsory reading book for the second term.

Thank you for participating and congratulations to the winners!




martes, 1 de septiembre de 2015

Más allá de la historia: Carlos II 'El hechizado'

Por Mario Miguel Hernández Soria, alumno de 2ºAE.

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INTRODUCCIÓN

Este trabajo tiene como protagonista al último de los reyes españoles de la dinastía de los Austrias o de los Habsburgo, Carlos II. El motivo por el que me he decidido es doble. Por una parte, por su naturaleza enfermiza. Por otro lado, porque con él se puso fin a esa dinastía. Me preguntaba la relación entre una cosa y la otra, y he buscado información en una revista especializada en Historia y en un libro sobre enfermedades de los Reyes de España. Las fuentes son las siguientes:

- Revista Muy Historia, número 46, 2013.

- Dr. Pedro Gargantilla, Enfermedades de los Reyes de España: Los Austrias. La Esfera de los Libros, Madrid, 2005.



LA VIDA DE CARLOS

Carlos nació en Madrid, el 6 de noviembre de 1661. Sus padres fueron Felipe IV y Mariana de Austria. Así se describe su aspecto, siendo niño:


"Desde su nacimiento, el príncipe presentó síntomas evidentes de debilidad física y retraso intelectual, taras que podrían achacarse a la degeneración consanguínea de su estirpe. Los relatos de los que los vieron durante sus primeros días coinciden en señalar su desagradable aspecto y sus múltiples malformaciones: el niño tenía grandes flemones en las mejillas, provocados por un herpes, y la cabeza cubierta de costras.

A los tres años, los huesos de su cráneo aún no se habían cerrado, lo que daba un aspecto demasiado grande a su cabeza; no era capaz de sostenerse en pie y mucho menos de andar. Tampoco sabía hablar y de su boca apenas salían sonidos guturales y espantosos gritos, que sobrecogían a los encargados de su cuidado. A causa de su frágil salud y su débil constitución, el heredero creció en un ambiente de sobreprotección, lo que solo sirvió para agravar su estado. La falta de ejercicio al aire libre y una deficiente alimentación retrasaron aún más su desarrollo intelectual y físico.

A los seis años, Carlos II apenas podía gatear y, para mantenerlo en pie durante las recepciones oficiales, se diseñó un corsé especial que las meninas encargadas de su cuidado sujetaban con cordones; un artilugio parecido a los hilos de las marionetas, del que dependió hasta que empezó a dar sus primeros pasos. A punto de cumplir su primera década, el prognatismo de su mandíbula le deformaba la expresión del rostro y el joven monarca sólo era capaz de pronunciar un puñado de palabras inteligibles; tampoco sabía leer ni escribir".



El prognatismo es una deformación de la mandíbula que, además de afear el rostro, produce problemas para hablar, masticar, etc. Quizá por eso los Habsburgo se dejaban barba. Además, la endogamia pudo afectar al último de la saga más que a ninguno. He leído que “el coeficiente de consanguinidad de Carlos II era del 25,9 %, equivalente al de un hijo incestuoso”. El Dr. Pedro Gargantilla añade las siguientes descripciones en su libro, utilizando testimonios de la época:

"En 1675, a la edad de catorce años, el secretario del Nuncio, Nicolani, lo describió de la siguiente guisa: “El rey es más bien bajo que alto, flaco, no muy mal formado, es feo, en su conjunto, el rostro; tiene el cuello largo, la cara y la barbilla largas, con el labio inferior típico de los Austrias, ojos no muy grandes, de color azul turquesa y el cutis fino y delicado.”
En resumen, el rey no era un dechado de atractivos físicos.

En contra de todo pronóstico, el príncipe alcanzó la mayoría de edad el 6 de noviembre de 1675, día en el que celebraba su catorce cumpleaños y se convertía, según las disposiciones del testamento de Felipe IV, en Carlos II. El príncipe asumía el gobierno de la nación en un difícil momento, pues había dos facciones políticas, por una parte su madre y Valenzuela, y por otra su hermanastro, asistido por la aristocracia.



A partir de esta información he recabado también datos sobre el hijo ilegítimo de Felipe IV, Juan José de Austria, muerto en 1679, quien disputó el poder con la madre de Carlos, Mariana de Austria. La madre de Juan José era una actriz llamada María Inés Calderón, conocida como “la Calderona”. Lo que más me ha sorprendido es que, siendo Carlos impotente, su padre tuvo al menos treinta hijos bastardos, entre los que se cuentan Fernando Francisco Isidro de Austria, Carlos Fernando de Austria, Alfonso de Santo Tomás, Ana Margarita, Fernando Valdés, Alonso Antonio de San Martín o fray Juan del Sacramento. Todavía me ha llamado más la atención que el último de los Austrias fue sometido a exorcismos, de lo que deduzco que el sobrenombre de “el Hechizado” se tomaba al pie de la letra. Así lo cuenta el Dr. Gargantilla en su libro:


"En verano de ese mismo año (1698) llegó a España fray Mauro Tenda, un capuchino italiano, probablemente enviado por Leopoldo I. A través del embajador austríaco Harrach, informó a fray Froilán Díaz que, dos años antes, una mujer poseída por el diablo le había informado de que Carlos II estaba hechizado. Después de una larga entrevista con el rey, el fraile le puso un sencillo tratamiento curativo: retirar un saquito que el monarca llevaba colgado del cuello. A lo largo de las cuatro semanas siguientes, Tenda realizó exorcismos cada tres días, mientras que obligaba a Carlos II a comulgar en días alternos. Al cabo de este período, el religioso anunció que ya tenía dominado al diablo".